El emperador romano Juliano el Apóstata muere en 363 en plena campaña pártica. Juliano no tiene sucesor y en vida se había negado a asociar al trono a cualquier otra persona. En el frente iranio los soldados romanos se ven obligados a dar sucesor al extinto Juliano. Los militares intentan llegar a un acuerdo que no molestara ni a cristianos ni a paganos tras las conflictivas actitudes religiosas de Constancio II y Juliano. Después de varios intentos los soldados nombran emperador a Joviano. Éste es un personaje oscuro dentro de las carreras habituales del Bajo Imperio. Desde el punto de vista confesional es un cristiano moderado que había gozado de la confianza de Juliano. Juliano mantuvo a Joviano en los puestos que ejercía a la muerte de Constancio II tal vez por no compartir la inquina a los paganos de Constancio II.
En su año de reinado (363 – 364) Joviano adopta una postura de tolerancia frente a paganos y cristianos. Ha de firmar la Paz de Nísibe con los persas por la imposibilidad por el Imperio de proseguir la inoportuna campaña julianea. La Paz de Nísibe representa una serie derrota de Roma pues el Imperio ha de renunciar a las provincias transtigritanas a favor del Irán Sasánida. Joviano es consciente de la debilidad romana y rechaza el ofrecimiento de la ciudad de Nísibe de defenderse por sí misma pues esto llevaría a una nueva contienda con Persia que el Imperio Romano no está en condiciones de entablar en 363.