Los contactos entre Arabia y el mundo mediterráneo son muy antiguos. El emperador bizantino Heraclio destruye el reino nabateo de Palmira y otros pequeños estados que sirven de tapón entre árabes y bizantinos por un lado y árabes y persas por otro. Los califas perfectos Omar y Utman se apoderan de Mesopotamia, Egipto y Siria. En esas conquistas cuentan con el apoyo de:
- Judíos por su común origen semítico
- Cristianos heterodoxos
Ambos grupos reciben a los árabes como libertadores. Los bizantinos se enfrentan a dos grandes enemigos en el Islam: los califas omeyas y abbasíes y los emires aglabíes. Moawiya crea una flota desde Siria con la que conquista Chipre y Rodas. La escuadra omeya reemplaza el predominio de la flota bizantina en el Mediterráneo Central y Oriental. En el norte de África los omeyas se extienden desde Egipto conquistando Cartago en 695.
La destrucción de la escuadra omeya en el tercer asedio de Constantinopla en 718 permite un respiro al Imperio Bizantino durante los reinados de León III el Isaúrico y Constantino V. Con el califato abbasí Harum al-Raschid impone un tributo al Imperio Bizantino creándose dos alianzas contrapuestas: abbasíes y carolingios contra bizantinos y emires de Córdoba (de ascendencia omeya). El emperador bizantino Nicéforo I no puede aprovecharse de la muerte de Harum al-Raschid por sus problemas con los búlgaros.
Los grandes enemigos del Imperio Bizantino en el Mezzogiorno y Sicilia son los aglabíes de Túnez. Los bizantinos consiguen vencerles en el siglo X pero han de resistir a los Otones y a los normandos quienes acabarán apoderándose de aquellas regiones en el siglo XI. Sin embargo se crea una cultura plural musulmana - occidental - bizantina que dará sus mejores frutos con el emperador Federico II Hohestaufen.